Turquía
Anatolia es el origen de la civilización. Por esas tierras de oriente próximo han pasado las más grandes civilizaciones que han recorrido el mundo. Grandes batallas, aventuras heroicas y avances históricos han tenido lugar allí.
Nuestro viaje comienza en Capadocia. Vuelo de 4 horas Madrid - Nevsehir. Nada más llegar, se descubre un paisaje insólito, extraño, extraterrestre. La lava depositada por las erupciones volcánicas que sacudieron la península en la antigüedad, se ha ido desgastando por la erosión, dejando un paisaje lunar, donde destacan las conocidas como chimeneas de hadas, grotestas y singulares muestras de arte natural de extraordinaria belleza.

Tomando Urgup como punto de partida, recorremos las zonas más significativas de la región. Descubrimos Uskudar, donde la gente labró sus moradas en la roca volcánica, dando lugar a montañas de piedra convertidas en un queso gruyère de viviendas.

Más allá, el conjunto de iglesias rupestres de Goreme, sencillamente espectacular como se pudo generar tanto arte en los siglos V-VII con aquellas condiciones tan adversas, y como el ser humano pudo llegar a subsistir allí.

Nuestro camino se ve salpicado por antiguos caravasares, donde las caravanas de la ruta de la seda descansaban durante la noche o las ciudades subterráneas, donde pueblos perseguidos se ocultaban y donde llegaron a vivir durante mucho tiempo.
Si resulta impresionante el paisaje a pie de carretera, desde el aire es sencillamente único e irrepetible. Montar en globo en Capadocia es según los expertos el mejor sitio del mundo para hacerlo, seguido por la sabana africana y el gran cañón del Colorado. No sé si es ciera esa afirmación, pero en cualquier caso no ha de andar muy descaminada. Dentro del globo te trasladas a otro planeta, observas esos canales de lava pulidos con formas inverosímiles, con una variedad cromática inigualable. Es mágico, una experiencia inolvidable.

No puede tampoco abandonarse la Capadocia sin asistir a un ritual derviche, grupo de ascetas que alcanzan el éxtasis mediante un ritual consistente en girar sobre sí mismos durante mucho tiempo. Merece la pena asistir, pues el ambiente que se genera y el ritual en sí mismo son muy llamativos.
Dejamos Capadocia, rumbo a los restos de las colonias griegas y romanas. Tras un largo viaje en autobús (800 km), pasando por Konya (donde puede admirarse el mausoleo de Mevlana), llegamos a Pamukale. En esta región, además de admirar las ruinas de Hierápolis, donde se conserva muy bien su anfiteatro, podemos maravillarnos con las formaciones calcáreas que adornan sus laderas. Las conocidas como cascadas de algodón no dejan indiferente a nadie, con sus caprichosas formas, su blanco inmaculado y sus turistas rusos en bikini posando para la cámara. Es verdaderamente interesante, y teniendo en cuenta el grado de explotación y degradación que está sufriendo , es recomendable acercarse, pues no tardará en perder todo su encanto. De hecho, según nos comentaron, no es ni la sombra de lo que fue, lo que da una idea de la grandiosa belleza que llegó a atesorar esta zona, en la que se construyeron muchos sanatorios en tiempos griegos y romanos.

A dos horas en autobús desde Pamukale, se llega a Éfeso, donde se encuentran las ruinas de dicha ciudad romana, donde destaca la portada de la biblioteca de Celso, simplemente grandiosa y en gran estado de conservación. En general, las zonas excavadas de la ciudad se encuentran en bastante buena condición y es muy interesante su visita. Puede desde allí irse a la que se dice fue la última residencia de la virgen María, punto de peregrinación de muchos devotos.

Desde aquí, punto y final a la visita anatólica. Vuelo interno hasta Estambul, la antigua Constantinopla y una de las ciudades más pobladas del mundo en la actualidad. Mucho hay que decir de Estambul. Su zona monumental es impresionante, con sus grandes mezquitas, sus bazares y su única e inimitable Santa Sofía. El encantador recodo que forman el Cuerno de Oro, el estrecho del Bósforo y el mar de Mármara, hace de la ciudad algo mágico. Sus olores, sus gentes, hacen que alguien la haya definido como la ciudad bazar. En cualquier esquina hay vendedores dispuestos a mercadear, a regatear y a llenarse el bolsillo con el incauto. Son amables, salvo que el negocio ya no les salga demasiado rentable. La llamada a la oración pone los pelos de punta, la suntuosidad de sus palacios y el colorido de sus mezquitas es muy llamativo. Frente a este centro histórico, la Estambul real, más allá de la torre de Gálata, muestra una ciudad occidental cualquiera, con tiendas de moda y restaurantes de todo tipo y gente de todo origen y condición social. Ver este contraste merece la pena.

Dedicamos tres días a Estambul, lo que permite hacerse una idea de esta expectacular ciudad. El primero de los días, lo dedicamos al centro histórico. Así, visitamos el palacio de Topkapi, arte ecléctico donde destaca la suntuosidad y el lujo por doquier. Próximo a él, la mezquita azul, espectacular construcción, que a ojos de un turista occidental resulta asombrosa. Conviene darse un paseo por la zona, visitando el antiguo hipódromo donde hay varios obeliscos y las antiguas cisternas romanas.

Desde allí, hay que zambullirse en el Gran Bazar, donde los mercaderes adivinan tu procedencia y te bombardean con frase hechas, en perfecto castellano. Regatear es obligado, así que hay que armarse de paciencia y no cegarse por los precios, pues el cambio lira turca a euro es muy beneficioso. Se comenta que los precios están un 500% por encima, así que a regatear se ha dicho. Desde el Gran Bazar se llega hasta el bazar de las especia o Bazar Egipcio, donde el colorido de sus puestos y mercancías merece una parada y algunas fotos. Desde aquí, por el puente de Gálata, hay que admirar las vistas de la ciudad desde la torre que lleva el mismo nombre y caminar por la Estambul moderna, hasta la plaza Taksim.

El segundo día, hicimos un crucero por el Bósforo, admirando las múltiples mansiones que salpican sus orillas, así como algunos palacios y fortalezas. Además, visitamos el palacio de Beylerbeyi, de estilo Versalles, con mucho encanto.

Y como colofón, Santa Sofía. Sobran las palabras de esta joya de la arquitectura mundial. Hay que caminar por ella, en silencio, empapándose de su suntuosidad, majestuosidad y elegancia sin fin. Imprescindible.

Finalizamos nuestra estancia en Estambul, visitando el palacio de Dolmabahce, San Salvador en Chora (iglesia con arte bizantino soberbio) y algunas mezquitas destacables de la ciudad, así como el café de Pierre Lotti, localizado en el barrio del Eyup y con unas vistas de la ciudad y el Cuerno de Oro fabulosas.

Es imprescindible admirar el atardecer de esta histórica ciudad desde su orilla asiática. Puede tomarse un barco que en 20 minutos cruza el estrecho hasta Uskudar. Allí, tumbados en unos cojines y con el té de rigor en la mano, uno se queda extasiado viendo como los rayos de sol tiñen de rojo la ciudad, como se inflaman Topkapi, Santa Sofía y las numerosas mezquitas. Y como los edificios se iluminan cuando el cielo se oscurece definitivamente. Un espectáculo mágico.

Cosas que deben hacerse en Estambul: beber raki, fumar narguile, comer kebap y degustar baklavas.
Cosas que uno debe aprender de Turquía: quien fue Ataturk y el arte del regateo
Con la alegría de los días pasados y la tristeza de la marcha, abandonamos Estambul y 4 horas después volvemos a Madrid. Una aventura que llega a su fin, lo que implica que queda menos para la próxima.








Comentarios sobre Turquía
Espectacular! con tu relato te haces una perfecta composición del país!
Perfect! Nosotros también hicimos el mismo recorrido, en el que tuvimos el placer de conocer a mayatemme & cia. La buena compañía fue clave para disfrutar de las vacaciones.
Turquía es un destino obligado para los amantes de los viajes que se adueñan de tu mente y tus recuerdos para el resto de tu vida. Estambul enamora en cada uno de sus paseos, monumentos, calles, gentes y olores. Una ciudad incomparable. Animo a toda la gente a que visiten la ciudad, incluso con guía y mochila en mano, por su propia cuenta. Definitivamente, las visitas guiadas pueden llegar a ser lo mejor, pero también lo peor. Todo depende del guía. En general recomiendo conocer los monumentos típicos del centro por uno mismo, y moverse por el tranvía, que funciona a modo de metro de una sola línea. Hay que sacar un "ticket" en forma de moneda en cualquier parada, y listo. El idioma no es problema, La comida, puede que sí. En el centro se entiende el español, si acaso un inglés en plan tarzán es suficiente para casi cualquier cosa.
Por otros barrios, existe la posiblidad de contratar excursiones organizadas que pueden merecer la pena, como crucero por el bósforo, barrio eyup, etc. Pero nada que no se pueda hacer por uno mismo cogiendo taxis, que por cierto son baratos y cobran por kilometraje, debido a los contínuos atascos.
En el resto de Turquía (Capadocia, Éfeso, Pamukkale, etc.), sí que aconsejo viajes organizados.
Saludos!